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Hasta siempre, casa

22 septiembre 2020

No es lo mismo, cerrar una puerta que cerrar una puerta. De la misma manera, que no es igual una puerta que una puerta.

Hoy cierro una puerta. Mi puerta. De una casa, mi casa.

En el año 2.003, la compré. Y fue todo un reto. Algo enigmático, algo aterrorizador, algo agradable, positivo y muy celebrado. A veces. Otras, se me soltaba la tripa. Eran años convulsos con los que alboreaba un Siglo XXI que, al parecer venía, viene, con mala leche.

Nada más cambiar el milenio, el Estado me robó mi empresa. Después, la crisis de 2.008. Después vino mi divorcio. “Rehacer tu vida”, que dice la gente. Que, contrariamente a lo se piensa no es encontrar otra pareja, sino, inventarte una vida nueva, incluso, en soledad.

Últimamente, tras otras bagatelas, llegó “El Coronavirus… Así, todo mezclado, agrandado, amplificado…Rebujado. Así, a grandes rasgos.

Mucha gente, incluso los Mayas, pensaban que en el 2.000 se acababa el Mundo y fue verdad.

Para mí, personal y particularmente, desde el tuétano de mis huesos y mi pellejo, el mundo, mi mundo, se acabó en el año 2 mil. Voto a Tal. Después la gente, algunos, con suerte y dos huevos, solemos ser Ave Fénix. Se podría discutir si, realmente, lo que renace de las propias cenizas es la misma ave o cualquier otro pajarraco alado parecido, ángel o murciélago, más celestial o, quizá, más hijo de puta y más cabrón. Pero ese es otro tema.

Y, tras este paseo por las ramas, voy al asunto que quería.

Mi casa me recogió, me dio cobijó. Bajo su amoroso techo y escasos muros (es tipo loft), ella, mi casa, y yo, vivimos la oscuridad de mis noches y la claridad de mis días. Fue una atalaya desde donde vi partir a muchos amigos y, también, un puerto donde dimos la bienvenida a otros pocos que conocimos, entre ellos, a mí mismo. Aprendí la diferencia del valor y del precio. Que las cosas importantes, no son cosas. Que no es amor lo que solo es el miedo a la soledad. Que pocas cosas son Amor. En fin, maduré un poco, que falta me hacía. Y así pasaron los años.

Vale. Cómo decirles que mi casa y yo fuimos, más que nada, cómplices.

Y ahora, lo que son las cosas, me despido de ella. Digo adiós a mi casa y me mudo a otra. ¿Por qué? ¿Bueno…Y por qué no? Quemando etapas. ¡La vida!, supongo, pero no podía hacerlo sin más, sin decir nada.

Voy a echarte mucho de menos, casa. Otra gente, otras vidas vendrán. Tendrás que cobijar nuevas noches tórridas de amor, también, otras frías broncas. Ya sabes que la ropa sucia se lava en casa. Te ha tocado, casa. Yo sé que tus pocas paredes (loft, recuerden) oyen y, a veces, incluso, opinan. Pero que nadie lo sepa. Tú, calla. Eso queda entre nosotros.

No creo que vuelva por aquí. Recuérdame en tanto nos llega la piqueta. Has sido muy importante en mi vida en total. Yo no te olvidaré.

Vendo casa. Mejor dicho, vendo mi casa, mejor dicho, vendo mi hogar. Razón aquí.

Extractos de otras Publicaciones:

…el baño, el wc… -bueno, digámoslo ya: La letrina- contaba con un lujo desacostumbrado que ocurría los lunes y solamente los lunes. Continuar leyendo...

Hay días que entiendes perfectamente por qué Peter Pan no quería crecer.

…en 100 años no hemos inventado apenas nada nuevo en ese campo. Si acaso la nata desnatada. Continuar leyendo...

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