Cuando la Parca llame a mi puerta…

Cuando la Parca llame a mi puerta con la intención firme de que deje mi casa y la acompañe, supongo que tendré miedo como el que más. Y es que esa puerta que te muestra, solo abre en un sentido; es como la de los portales de los edificios señoriales y, lo peor, es que al otro lado está lo Desconocido; todo negro y, una vez que la traspasas, no hay vuelta atrás. Ahora es fácil hablar de eso, pero, cuando la Dama Negra se encoñe conmigo, me muestre la salida y me diga: “Después de ti”, es un pensamiento que acojona, ¡joder, que si acojona! Pero a mi edad, viejo, y sin embargo aún joven para según qué cosas, por ejemplo para ésta, me planteo cómo me gustaría que fuera ese momento final, porque aun con la inquietud y zozobra propias de la ocasión, no quisiera perder los papeles y comportarme como un moribundo al uso y, además de estar cagado, cagarla; en una palabra, me gustaría tener la sangre fría, antes de que se me enfríe del todo, para seguir siendo yo.

Esta Señora, a cuyos brazos nadie renuncia, debe ser ciertamente la hostia. Sus huesudas y gélidas manos ponen punto final al Tiempo y, por sus caricias, se da la vida. Sus labios, ay, que tendrán sus labios, que te dedicas a besarla y ya no puedes parar, sigues beso a beso durante toda la Eternidad. Así que yo, que me conozco, con el último aliento, le tiraré los tejos, claro que sí, total ¿qué puedo perder ya? Después que haga conmigo lo que quiera. ¡Qué remedio! Al fin y al cabo, es mujer y alguna buena idea se le ocurrirá.

Me gustaría también que me conceda el tiempo suficiente para mirar atrás; se lo pediré engatusándola con la mejor de mis sonrisas humanas; después de todo, a Ella la deben de poner los mortales porque, si bien es verdad que nosotros vamos hacia Ella durante toda la vida, no es menos cierto que Ella tampoco falta nunca a la cita, por algo será. Y es que quiero, allá en el quicio de la puerta, hacer un balance somero de lo que hice y de lo que quedé pendiente aquí. Recordar a mis amigos para, en un último vistazo, llevarme el recuerdo de sus caras sintiendo sinceramente mi partida. Meteré también en la mochila tres canciones, dos de ellas en francés, para el camino. Será difícil elegir sólo tres con las prisas, pero en esa clarividencia que dicen que se tiene en esa situación, espero elegir las tres mejores. Sereno, apacible y con todas hipotecas pagadas, las bancarias y las otras. Que no se diga. Recién duchado y, el ánimo, como si fuera de cañas e invitado. Y, mis hijos, colocados y muy mayores ya, espero. Así quiero irme, en definitiva, tranquilo.

Aunque, en ese punto, prácticamente estaré ya en los brazos de Otra, quiero también (esto es muy importante) detenerme un segundo y recordar, una por una, a todas mis mujeres. (No creo que se niegue a concedérmelo, teniendo en cuenta que después ya estaré con Ella hasta el final de los Tiempos). Se lo debo a las que deje aquí. Por todo lo que las quise (y las quiero), y por todo lo que ellas pudieron quererme. Al haber: lo que les entregué; al debe: lo que me dieron. Quiero, en ese último acto, amarlas a todas otra vez, por última vez, aunque sea con el pensamiento y, así, saldar nuestras cuentas definitivamente. Marcaron mi vida todas y cada una; fueron lo mejor de mis días y de mis noches, allá cuando fuimos cuerpo y alma, alma y cuerpo. Intercambiados; alternativamente ellas, cada una; alternativamente, yo.

Quiero, por fin, en ese momento que en la mente se me hayan agolpado en tropel sus perfumes, sus sonrisas y sus suspiros; que sienta el calor de sus pieles al unísono rodeándome  y que, en mis oídos, suene por última vez el eco de aquellas palabras de amor tan queridas, quiero, digo,  en ese postrero instante, correrme vivo, porque aún no sé cómo será la corrida de un muerto, prefiero las tradicionales de toda la vida.

Dicen que los ajusticiados, en la horca o en la silla eléctrica, en el momento supremo, eyaculan. No sé, pero eyacular por eyacular, por la mera relajación de los esfínteres, viene a ser algo así como una cagada o una meada sin interés alguno, pura ordinariez; se puede eyacular por diversas razones, por placer, es lo más normal, pero también incluso, por miedo. Por eso yo no me conformo con eyacular. Quiero, insisto, correrme, aun en plena vida, y dejar para la posteridad el legado de una enorme mancha en mi mortaja como constancia de que pasé por el mundo.

Esto es lo que quiero para aquel momento; aunque sin prisas. Lo demás, me da igual.

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10 thoughts on “Cuando la Parca llame a mi puerta…

  1. Me gusta esa forma un tanto ácida, divertida diría yo a la vez que irónica de afronta este tema…gracias por dejarnos disfrutar de ello, Maestro de las Palabras!

  2. A pesar de tratar un tema, un tanto abrupto…. Maestro Quini, estás a la altura, o más que otras veces. Precisamente por eso…, por la dificultad al tratarlo, sin entrar en una dinámica escabrosa. Tu punto de sentimentalismo, y realismo, es lo que da dulzura al escrito. Perfecto Quini….!!! Todo un placer leerte. Gracias.

  3. Bueno me gusta un montón leerte, despacio para ir comprendiendo tus palabras y pensamientos.Esta muy bien saber expresarse como lo hace, me gusta lo de la Parca es un termino que hacia tiempo que no leía y tontorreo en tus últimos momentos de la vida con la señora huesuda.Yo no quiero ni pensar en ella aunque este ahí lado pendiente por si caes.Yo de momento la desecho ni me lo planteo por que nunca sabe como te pillara en el últimos momento.Gracias por se como eres…

  4. Derrochando AMOR hasta el momento de la partida aun lado y otro de la puerta final, no amores. Felicidades por describir una vivencia sin vivirla y una realidad sin serlo. Que tarde mucho tiempo. Un abrazo.

  5. Me ha gustado, pero no sorprendido.Ya vamos conocíendonos y desde el principio de la narración sospeché como te gustaría morir. Que se cumplan tus deseos.

  6. Hola Joaquin,me ha gustado tu relato,pues todos tenemos que hacer ese ultimo viaje,la pena es que no sabemos el dia de partida.
    El final un poco fuerte para mi gusto.
    Un beso.
    ANA

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