Cantando bajo la lluvia.

 Hace algunos años, ahora creo que ya no, los Ayuntamientos cobraban una tasa por Bajantes, Desagües y Canalones, o algo así. Después, la suprimieron, ellos sabrán por qué. No es mi intención referirme, ni siquiera de soslayo,  a impuestos más o menos justos o descaradamente injustos, sino a espectáculos por los no debería importar pagar. Porque a mí me gusta, en los días de lluvia, observar y escuchar como desaguan las fachadas. Caminar por la calle en esos momentos, aunque te mojes, me parece placentero y reconfortante.

El ruido de los chorros que vomitan las intimidatorias gárgolas, al chocar contra el suelo, adquiere un tono que, dependiendo de su calibre y de su altura, se va mezclando con el que produce el más humilde de los bajantes, y nos ofrecen su ensayado golpe de teatro, regurgitando el agua espumosa que arrastra el verdín de las tejas y que explota en la acera, salpicando los perniles y acharolando los zapatos.

Es en los solitarios callejones, donde más compañía da su acompasado chisporroteo. Mientras camino, como sin querer, quizá por culpa del subconsciente, ese mismo que a veces ordena a la indolente mano seguir el ritmo de cualquier copla sobre la mesa, voy intercalando con ellos el sonido de mis pasos, que retumban y rebotan en las paredes, que esquivan las rayas de lluvia para no apagar el vibratto de sus ecos.

¡Saca, niña, las macetas a la ventana que va a llover! Y, por eso, la pobre gota joven se retrasa. Procedente a saber, que no lo sé, de qué nube, se entretuvo en el tobogán de una hoja de geranio. O, tal vez, tuvo que dar un rodeo para empapar, junto a otras, la arenilla del lejano alféizar. Se podría pensar que ha llegado tarde. Pero no. Que en esta sinfonía no se desperdicia ni una sola nota. Ha caído sobre una lata, ¡qué bien suena!

Yo, que sigo mi camino, atrás voy dejando las sonoras hileras y su música se va perdiendo pero, a la par, otras, hacen acto de presencia. La calle es larga, unos ruidos que se acercan y, otros, que se alejan. Parece que siguieran la orden de la sabia mano de un director de orquesta.

Después, escampa y sale el sol. Se acaba la calleja, cesa la pieza. Pero aun, a lo lejos, se oyen mil sonidos anárquicos de los últimos goteos y los acogedores sumideros. Es como si los músicos estuvieran afinando sus instrumentos, en un descanso, cuando el público no les ve y el miedo escénico vive entre candilejas. Sin embargo, en esa tensa calma, todo está dispuesto, solo esperan el golpe de la batuta maestra sobre el atril, que desgarre el cielo y, de nuevo, empiece la fiesta.

Yo creo que, una vez suprimida la tasa sobre Canalones, se debería, además, subvencionar la instalación de esos desagües, primando los más bonitos, sonoros y rítmicos. Que esta ciudad, pasado el tiempo, fuera conocida por ellos, como Versalles por sus fuentes, o Notre Dame, por sus quimeras. Que cuando lloviera, vinieran los turistas, como, en abril, a los cerezos del Jerte. Que, en el mundo entero se supiera, que, como aquí, nadie vistió de arte el achique del agua de las tormentas.

Extractos de otras Publicaciones:

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13 thoughts on “Cantando bajo la lluvia.

  1. Sigo tus escritos como puede verse puntualmente y me tengo por un buen lector de todo lo que cae en mi mano.
    Esta vez he meditado mi comentario.
    Se puede sentir todas esaas sensaciones que cuentas con algo tan simple como al pasar por un callejón bajo la lluvia, para eso hay que ser poeta y tu lo eres, eso se sabe de hace tiempo.
    Tambien se puede contarlo con maestria dominando el idioma y la gramatica como tu lo haces con riqueza de palabras y con ese ritmo y estilo tuyo tan personal para esto hay que ser un magnifico narrador y tu también lo eres
    Pero que además consigas la magia de hacernos ver y sentir a los demas todo eso que tu sientes en un simple callejón para eso hay que ser quini piron
    Gracias amigo estoy empapado de agua jajaja pero ha sido un deleite por el que tampoco me importaría pagar

  2. Dicho así, hasta me puede gustar un día de lluvia, lo describes con tanta sensibilidad que he podido oir las notas de las gotitas al caer. Una bonita sinfonía, pero te aseguro cuñado, que no suena igual en el callejón que en la cocina de mi casa…ya sabes, aquí un barreño, más allá un cubo….
    De nuevo muchas felicidades.

  3. Maravilloso.!
    Con lo que me apasiona el sonido de la lluvia, y las tormentas…gracias por llevarme de tu mano y hacerme sentir lo que cuentas…

  4. Estoy empapaito, amigo, de tu poesia escrita “to seguio” pero el liquido elemento, a veces, inunda la vida de las personas y produce pesar. El canto gregoriano que te produce los canalones y bajantes lo expresa tan sencillamente que limpian tus pasos y permitiran que sigas esscribiendo y que tus lectores sigamos disfrutando. Un abrazo amigo.

  5. Describir lo que hay de sagrado en los fenómenos naturales no está exento de belleza. Tu radiografía de una ciudad bajo la lluvia evoca ecos familiares y de sobra conocidos que producen paz.

  6. Casi haces que me gusten los días de lluvia. Has conseguido que sienta lo que escribes, que me sumerja en tú relato, hasta que ladeando la cabeza hacia la ventana el sol me recordó que no llovia.
    Qracias Quini!

  7. Cada dia y en cada uno de tus relatos nos sorprendes mas . Eres un fenómeno y nos gustaría disfrutar más a menudo de tu presencia física. Muchas felicidades
    Maria eugenia y tu cuñaoooo

  8. He leido con mucho cuidado lo que escribes,y la lluvia y tormentas en mi despierta tristeza,no soy capaz de sentir todo loque describes.y si ademas es un dia de trabajo,y llegas a casa calada,pues como que no.no me gusta la lluvia,auque al leer,has hecho que cambie un poco mi manera de pensar.un beso.ANA

  9. Embelleces lo que a algunos puede parecer grotesco por el simple hecho de frustrar una tarde apacible de primavera, pero tu tienes ese don, puedes convertir lo mas ordinario y atroz en algo macanudo y delicado. Gracias otra vez por enseñarme tu afabilidad como escritor, sigue haciéndolo, eres elegante y genuino. Me cautiva leerte. Un abrazo.

  10. Decenas de veces escuché la sinfonía de la lluvia, me deleité con ella, en otras tantas ocasiones me atreví a que me llamaran loca y decidí salir a recibirla y dejar que ella empapara mi pelo y resbalara por mi cara, es un placer inigualable… igual alguna vez, un día de lluvia nos cruzamos por alguna calle (el mundo está lleno de “locos”) y no pudimos vernos porque estabamos atentos a cada uno de los instumentos que usan las gotas para hacer su melodía.
    Eres un mago de las palabras, que bien sabes usarlas! Simplemente gracias!!

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