Ahí me las den todas.

Mi padre, procurador de los tribunales, solía contarme anécdotas que ocurrían en las salas de los juicios, algunas muy curiosas y divertidas, que incluso he escuchado posteriormente en la calle, elevadas ya a la categoría de chiste. Él vivió muchas, no en vano se dejaba las suelas de los zapatos en los pasillos del Palacio de Justicia, en una época sin correo electrónico ni fax, donde, el mayor avance tecnológico eran aquellas pesadas Olivetti Lexicón, cuyo tintineo era la música de fondo de unas salas, atestadas de fardos de folios, cosidos con guita.

Una de las que me refería era aquella en la que el acusado era un tipo irascible y violento; sentado en el banquillo, escuchó la sentencia que acababa de dictar el juez y que, naturalmente, no fue de su agrado. Se levantó furioso y, antes de poder ser reducido por la policía, le propinó dos sonoras hostias al ujier. Supongo que la razón de descargar su ira precisamente con aquel pobre empleado debió ser simplemente que, para él, era el representante de la Justicia que, con su bonito uniforme, resultó mas cercano y accesible a su mano. El juez, impasible, mirando la cara del subalterno, colorada como un vejino (*), dijo: “Esta es mi sentencia y, ahí, me las den todas…”

Me viene ahora esta historia a la mente por todo lo que está ocurriendo con Bankia, las Cajas y la banca en general. Si la reacción al despilfarro, la negligencia, o la mala gestión (por ser generoso en la suavidad de los calificativos, se “castiga” con un “rescate” a costa de todos, no me extraña que los responsables, desde su confortable y adinerado retiro, gracias a sus contratos blindados, se estén diciendo en este momento lo mismo que aquel juez: “Ahí, en esa cara, me den todas las hostias”.

Y es que, además y de entrada, hay tener cuidado con las palabras que se utilizan, porque yo entiendo que ”rescate” es salvar de  una situación involuntaria, sobrevenida y, sobre todo, no dolosa. Se puede, por ejemplo, rescatar a un niño que estaba jugando y se cayó a un pozo. Pero si se presta el coche a un atracador para que huya del escenario del delito, eso no es rescate, es complicidad.

(*) Vejino: Parece ser una palabra originaria de algunos pueblos del norte de Cáceres y se refiere a un hongo rojo.

Extractos de otras Publicaciones:

…el baño, el wc… -bueno, digámoslo ya: La letrina- contaba con un lujo desacostumbrado que ocurría los lunes y solamente los lunes. Continuar leyendo...

Hay días que entiendes perfectamente por qué Peter Pan no quería crecer.

…en 100 años no hemos inventado apenas nada nuevo en ese campo. Si acaso la nata desnatada. Continuar leyendo...

2 thoughts on “Ahí me las den todas.

  1. Me alegro que vuelvas a escribir en tu blog y delitarnos con tus profundos pensamientos que no por ser cachondos, algunos, dejan de tener su…..intringuli. Los autores de taales desaguisados debian pagaar por ello y no irse de rosita. Creo que coincidimos y no premiarlos con retiros cuantiosos a costa de los bolsillos de los que pagamos impuestos. Temo que tu famosa frase se convierta en “Ahi me las quitaran todas”. “Lamentable querido…….”

  2. La historia se repite Quini, no es la primera vez ni (desgraciadamente) va a ser la última, en ocasiones como esta que relatas somos muchos a los que nos las “van a dar todas”…

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