A una primavera descolocada.

Me pediste que te escribiera algo en público y lo hago. Solo tú y yo sabemos a quién va dirigido. Será nuestro secreto.

Quisiera contarte, que cuando yo era pequeño, había una muñeca que se llamaba Mariquita Pérez, muy famosa entre las niñas, allá por los años 60. Junto a la muñeca, unas hojas de papel donde aparecían dibujados toda una serie de prendas de vestir y accesorios para ella, que, debidamente recortados, podían serle añadidos o superpuestos. Se les llamaban recortables y eran, supongo, el antecedente  rudimentario y barato de las barbyes posteriores, con su sofisticado guardarropa y aditamentos. Y su Kent.

En aquellos pliegos de papel, tumbada, Mariquita soñaba en dos dimensiones y, sobre todo, esperaba. Conformada a su suerte, sin pudor, aquella cenicienta de la España del Seiscientos, venía (¡la pobre!) vestida únicamente con unas braguitas (cosas de la época, actualmente aparecería con un tanga o descaradamente desnuda, incluso, remarcando todos sus incipientes atributos). También, aparte, como digo, estaba impresa su ropita. Ahora, un vestido de princesa; ahora, unos andrajos de campesina…Las niñas de entonces, podían elegir si la muñeca, ese día, era una tierna flor casadera, que había hecho el Servicio Social de la Sección Femenina en el Pardo, o una chica en bañador en la playa, hija de un obrero de la Seat, o, yo qué sé, mismamente, un explorador en Africa, en las colonias de Africa que aún teníamos. Solo había que cambiarle la indumentaria, el ropaje, lo accesorio y el milagro estaba consumado, ya tenías a la Mariquita deseada. La misma cara angelical para todas las situaciones, para todos los estatus. Una cara que, a mí, se me antojaba, de pena,  porque aquella criatura era como una pequeña puta que prestaba su cuerpo para las fantasías de los demás, con el agravante de que ella ni siquiera obtenía nada a cambio. Pero me desvío del asunto.

Pues, verás, mi joven enamorada, aquí, donde has sabido de mí, en este mundo de internet de nuestras culpas y de nuestros meritos, ocurre algo parecido: todos somos un poco Mariquita Pérez, y nos presentamos casi desnudos o con muy poca ropa, unos más que otros. A veces, con apenas un nombre o un mote y mucha imaginación propia, para espolear la ajena.  Por más que queramos, incluso con muy buena voluntad de todas las partes, que no siempre asiste, las demás personas, inevitablemente, nos recortan un traje y nos lo colocan, a medida de sus impresiones, de sus pálpitos o de sus propios deseos y necesidades. Uno habla o escribe y, a uno, le tachan de genio, o de estúpido o de prepotente; de poeta melancólico o de insufrible pedante, de rubio con ojos azules o de Quasimodo. Vete a ver, de cualquier cosa. Cada cual hace su composición y le pone el traje que quiere a Mariquita, según quiera ir a la playa o a la montaña. Al final, tenemos un 10%, punto arriba, punto abajo, de cierta realidad y, el resto, de imaginación cierta.

De esto nadie tiene la culpa, es más, es hasta normal que sea así. Son los nuevos tiempos. Pero es muy conveniente tenerlo en cuenta. Hay que conocer a la gente y, a cada cual, vestido de su propio fondo de armario, de verdad, por el sistema tradicional de toda la vida que, no es que sea infalible, pero sigue siendo el menos malo de los sistemas. Tras la pantalla del ordenador, hasta yo, aunque no lo creas, solo soy Mariquita Pérez. Casi desnudo, como los hijos de la mar.

Y  ya dejo de darte la brasa, como decís ahora. Lo que buscas, no lo tengo yo. Lo tuve una vez, pero de eso hace mucho tiempo. Podría ser el abuelo del príncipe azul. No dudes que, en estos momentos, ya tienes un buscador de tesoros al acecho, tras de ti, pero el tesoro ha de ser paciente y modesto,  porque si reluce o sobresale en exceso, puede ser víctima de los profanadores de tumbas, que también los hay.

No lo dudes, vale la pena, el primer amor es algo mágico, único. Pero, sin prisas. Esto no es un cocido madrileño que se hace en la olla exprés,  al contrario, es un postre muy dulce, al baño maría, que precisa su tiempo. Ese que tú tienes, y yo no.

De ese pastel hay un trozo para ti. Cuando llegue el momento, saboréalo. A pequeños bocados. Miga a miga. Minuto a minuto. Así, su regusto acaramelado permanecerá en el vértice de tus labios toda la vida, jamás te amargará. Tenemos en común ese Paraíso, tú al frente, yo en el espejo retrovisor. A ti, te llama; a mí, me empuja. También, por qué no decirlo, compartimos ese borde acuático del párpado. No te preocupes, pasará. Seguro que se debe a la alergia producida por esta primavera descolocada.

Y, válganos eso.

Gracias.

Adiós.

Extractos de otras Publicaciones:

…el baño, el wc… -bueno, digámoslo ya: La letrina- contaba con un lujo desacostumbrado que ocurría los lunes y solamente los lunes. Continuar leyendo...

Hay días que entiendes perfectamente por qué Peter Pan no quería crecer.

…en 100 años no hemos inventado apenas nada nuevo en ese campo. Si acaso la nata desnatada. Continuar leyendo...

12 thoughts on “A una primavera descolocada.

  1. Increible. Definitivamente, eres un pedazo de articulista. Cuando llegue a mandar en algún medio de comunicación, cosa que dúdolo mucho, te pondré sobre la mesa un che en blanco. Abrazos.

  2. Enhorabuena por tu articulo, defines tan bein y con tantas similitudes eso que hoy llamamos relaciones virtuales, a veces yo tb me he sentido cm esa mariquita perez, me han colocado un vestido, xq m han visto en facebook cara de buena, de mala, de lista, de listilla,,,,,, en fin, un vestido de papel que por mucha tela que añadiera despues me ha sido dificil de cortar, en fin, gracias por tus palabras

  3. ¿¿y tu qué traje le pones a tu kent??
    para mi lo mas importante de todo esto que has escrito , es que a todos nos ha puesto a reflexionar un poquito sobre ciertas cosas..
    BUENISIMO

  4. Amigo que bueno eres. Has retratado la sociedad bruta, agresiva,invivible como paciente, tranquila, amorosa. En tu comparativa cabe toda la vida de cada uno. Fantastico, sencillo, sublime, creativo, amoroso, consejero todo tu articulo.

  5. es tan efímero este mundo virtual q lo q hoy te atrae mañana ya es pasado por lo q su importancia es relativa.Provocar una tenue sonrisa,una atención pasajera,un momento de complicidad es un gran triunfo para disfrutar y dejarlo correr…otro llegará q te volverá a encandilar,q te hará reir o llorar,q te enamorará para volver a empezar,porque cada amor es simpre el primero,si lo sabes alimentar.

  6. ¡¡¡¡¡ Plash,plash, plash !!!! (aplauso)
    Esta vez tuarticulo se hizo esperar pero valio la pena como siempre.no se si te das cuenta tu mismo de loos absolutamente genial que eres.
    Lo he leido 10 o 12 veces y no me canso….Alucinante..
    Ahora mismo lo pasare a mis hijos y amigos para que tengan tu certero dictamen sobre las relaciones de internet….
    Amigo mio, muchisimas gracias
    Un abrazo con como tu dices el borde del parpado acuatico.

  7. Que podemos decir ante este escrito tan maravilloso, que buen consejo para todos, amigo Quini, tenemos que agradecértelo, tienes tanta razón, qué fácil es idealizar o denigrar a una persona a la que no se conoce, según tengamos el día así miraremos a través de nuestra pantalla. Todos somos Mariquitas, nos visten y desnudan a antojo. Pero, yo pregunto, ¿y siempre es así? ¿Nadie acierta? Según algunos informes estadísticos las relaciones virtuales tienen éxito últimamente. Cada vez hay más parejas que se conocen a través de internet. Y lo curioso, dicen que son más auténticas… ¿Estaremos cambiando? ¿Será éste el siglo de la Mariquitas deseadas? Uff… esperemos que no. Ojala tu joven enamorada entienda el mensaje que aquí le mandas.

  8. Te olvidaste de la soledad que se esconde tras la pantalla del ordenador, la timidez y el miedo a no cambiar las realidades de cada cuál por algo incierto, te olvidaste…., pero no soy quién para criticar tú visión, acabo de aterrizar en tu blog, y en el fondo soy de la opinión de que los que leemos, realmente nùnca sabremos aquello que quiso decir el autor.

  9. Es la primera vez que leo algo tuyo, me gusta leerlo todo pero reconozco que me resultó muy agradable, tanto que al terminar volví a leerlo.
    Gracias por ponérnoslo a nuestro alcance.

  10. Me encanta.Creo que dá igual situar los sentimientos retratados en el escrito, dentro de un contexto virtual,Podría perfectamente ser la carta de un profesor a su alumna, a quien vé todos los días,frente a frente.
    Idealizamos porque necesitamos hacerlo.
    Es de agradecer , querido Quini, que tengas poco que ver(por lo menos en lo esencial) con el profesor Humbert y que animes a tú Lolita a descubrir el paraiso de una forma expectante, pero sosegada.
    De todas formas hay que ver que es jodido ver como el paraiso se aleja.

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