Más se perdió en Cuba.

 

Los EE.UU. acaban de vencer a la selección española de fútbol y la han dejado fuera de la Copa Confederaciones y, esto, es algo que me sorprende hasta a mí, que de balompié sé poco y me gusta menos, porque me parece que los USA jamás fueron nadie en este deporte al que ellos ni siquiera llaman fútbol.

 

España, la Roja (uff, que manía tenemos de ponerle colores a los bandos!. Los rojos, los azules…Aquí, un daltónico sólo serviría para prisionero) estuvo, desde el primer minuto de partido, acomplejada, como cohibida, con el culo apretado y contra la pared, temiéndose lo peor. A por ellos? No, no, no sea que los alcancemos…parecían pensar.

 

Si es que no escarmentamos! Para vencer a los yankis hay que ser un poco cabrón porque, si no, en campo abierto, con las cartas encima de la mesa, es muy difícil, incluso con un dólar a 2/3 de euro. Hay que hacerles una guerra de guerrilla (Good Morning, Vietnam) y, sobre todo, sin miedo, sin lastres ni complejos. Hay que olvidarse ya de lo de Cuba; si hace falta, hundirles de nuevo el acorazado Maine pero, esta vez, de verdad y, si ellos nos envían al  7º de caballería, nosotros, la Quinta Columna.

 

Sé que no es fácil superar el acongojo por parte de los contrincantes de Estados Unidos porque es algo que tienen muy profundamente arraigado en el subconciente, no en vano los gringos tienen un potente arma de destrucción masiva: El Cine. Es un arma lenta, pero da igual porque la llevan utilizando desde hace 100 años. Al día siguiente del invento de los hermanos Lumiere, ya estaban ellos haciendo la guerra sicológica, fabricando héroes como rosquillas. La Conquista del Oeste (cómo si aquí, en España, no hubiera un oeste aún por conquistar), del Espacio estelar, las simas abismales, los conflictos internacionales, matanzas, suicidios, magnicidios, catástrofes… en fin, todo ello, propio o ajeno, lo explotan y sacan una escusa para que después Hollywood, exporte sus rambos, capitanes américa, terminators, y otros chavales de Harlem o Wisconsin, alimentados desde chiquininos con crema de cacahuetes, y que, M-16 o Colt 45 en mano, alianzan civilizaciones o civilizan desalianzas, y, si no, simplemente, se las cargan. Y eso acojona. Yo comprendo aunque no sé por qué, que no debe ser lo mismo hacerle el tiki-taka a un tipo llamado Morgan y venido de Alabama, pongamos por caso, que a otro que se llame Gómez y nació en Villarubia de los Ojos, provincia de Ciudad Real, por poner, también. De eso se valen.

 

No lo critico, me parece perfecto que se rentabilicen los acontecimientos en beneficio propio, pero imagínense el juego que nos podría haber dado a los españoles en el cine, sin ir más lejos, toda la época de Sierra Morena y los bandoleros que robaban a los ricos para dárselo a los pobres. Las aventuras de Diego Corrientes y del Tempranillo, perseguidos por los Migueletes, todo un filón, mayor que el lejano oeste americano y que, aparte de Curro Jiménez, creo que solo se llevó al cine con Estrellita Castro. Y, menos mal, que no le dimos el papel a Charlton Heston y Lauren Bacall, respectivamente. Nunca sabremos ya hasta dónde habría llegado nuestro Joselito, harto de crema de cacahuetes.

 

Claro, que ese complejo de inferioridad que, gracias al cine, prepara el terreno para sufrir una derrota, no es exclusivo de los españoles, fíjense que los japoneses, por ejemplo, para una vez que hicieron un tipo grande en las películas, era un muñeco y en dibujos animados, que se llamaba Mazinguer Z. Incluso Gozilla, hasta que lo hicieron los americanos, era un japonés de 1,50 de altura, con un disfraz de monstruo, no nos puede extrañar, entonces, que tras el ataque a Pearl Harbor un general nipón dijera (acojonado): Hemos despertado a un gigante. Puro complejo.

 

Ojala que, concluida la victoriosa cabalgada (poco duran las alegrías!), no estemos en el principio de un nuevo periodo donde la Roja las pase moradas y que el aficionado tenga que conformarse con las prometidas correrías o carreras (en portugués: corridas) de Ronaldo y la Hilton por Madrid. Parece ser que la crisis, pese a Florentino, ha llegado al fútbol que ahora se llamará soccer, ya ven que hasta Guti ha tenido que pluriemplearse en un restaurante y como manager de un conjunto músico-vocal de imberbes.

 

Pues, bueno.