Rotondas y Ratondas.

Parece ser que las rotondas, esas norias que nos encontramos en casi cada cruce de caminos,  están recomendadas y financiadas por la Comunidad Europea. Son baratas de construir, descongestionan el tráfico y todo son ventajas. En fin, son la momia que mea colonia.

Será por eso que proliferan como hongos en nuestras calles y carreteras. Esto, no es que yo lo diga, creo que lo hemos visto todos. El otro día, conté en un tramo de apenas 20 km, de Badajoz a Talavera la Real, por la antigua carretera, 22 rotondas!! Más de una rotonda/km! Además, algunas de ellas no auspician ningún cruce. Me recordó a esas prendas de vestir que tienen una falsa botonera y que no sirve para nada, es decir, no abre ni cierra, sino que está solamente de adorno. El colmo ya del desprósito en plena vorágine de fiebre constructora “rotondera”.

Anécdotas aparte, creo que en este asunto, como en tantos otros, se ha tomado el rábano por las hojas, porque una rotonda para cumplir sus innegables ventajas y virtudes debería tener, como condición sine qua non, un diámetro mínimo que permita, una vez dentro, realizar con holgura las maniobras precisas para poder tomar la salida que se desea. Pero no, aquí, en la mayoría de los casos, se le llama rotonda a lo que únicamente es un vulgar cruce dotado de una “moneda” en el centro, con lo cual, las distintas entradas y salidas, normalmente de doble o triple carril, distan unas de otras escasos metros. A estas rotondas ratoneras yo las llamo “ratondas” y las llamaré así en lo sucesivo para distinguirlas de las auténticas rotondas. Contra estas últimas que no tengo nada.

Un momento. Voy a acuñar y reivindicar la propiedad del nuevo término: Ratonda.

Sigo.

Si vas por el carril izquierdo de la calzada y entras en la ratonda con la intención de tomar la primera salida o, incluso, la segunda o la tercera, estás obligado a cambiar de carril en el espacio de un suspiro y tienes que hacerlo de tal forma que, naturalmente, no molestes al vehículo que entró por el carril de la derecha, cosa harto complicada. Una de tres: o entras “follao” y esperas a que te venga a ver la virgen montada en el coche de la derecha y que, además, la virgen sea mucho más lenta que tú, o te das varias vueltas a la ratonda hasta que te puedas colocar con seguridad para salir de ella, o, por último, prudente y pacientemente te mantienes a la entrada en el carril diestro.

En estas consideraciones estaba yo un día, cuando le pregunté a un guardia municipal cómo se resolvía esta cuestión, a lo que me respondió lacónico: “En una rotonda, en caso de accidente, siempre tiene la culpa el que ha cambiado de carril”. Entre unas cosas y otras, parece ser que se impone el criterio de que lo deseable, incluso, si me apuráis, la única opción correcta, es la que decía en último lugar: que, en las ratondas, todos los automovilistas circulen en fila india por el carril de la derecha, con lo cual yo me pregunto… ¿Entonces, en las ratondas, para qué coño sirve el carril(es)  de la izquierda?

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One thought on “Rotondas y Ratondas.

  1. Jajajaja eres un caso amigo Quini, siempre tan acertado, no sabes las decenas y decenas de veces que he pensado justo eso mismo que tu también detallas en tu relato, cuanta puñetera razón, yo incluso añadiría una cuarta opción que es la que yo suelo aplicar en esos casos de “ratondas” es cerrar los ojos contar hasta tres y girar jajajaja, espero que este método me siga funcionando…
    Gracias por deleitarnos una vez mas con tus cosas…

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