Prohibir la Idiotez

El otro día, una señora hablaba por el móvil con una mano y, con la otra, unas veces se arreglaba la ceja izquierda mientras se miraba al espejo retrovisor, otras manejaba el cigarrillo que llevaba en la boca y otras gesticulaba al compás de su conversación. Iba delante de mí con su coche y lo que no entiendo es cómo podía además conducir.
Me parece lógica y plausible la penalización de hablar por teléfono mientras se conduce y exigir su cumplimento con todo rigor, pero no es suficiente, se debería ampliar la prohibición también a los peatones.
Hace tiempo leí que un tipo que iba andando por la calle y hablando por el móvil, tan enfrascado estaba en la conversación, que se cayó a una zanja resultando herido y, lo peor del caso, es que, cuando acudieron a socorrerle, se comprobó que el móvil era falso, de pega.
Ahora, nadie tiene ya móviles de juguete porque los auténticos son tan baratos que todos tenemos al menos uno, pero imbéciles sigue habiendo.
El móvil se ha popularizado, ha dejado de ser un elemento distintivo de alto ejecutivo de película, activo y audaz, para pasar a ser un artilugio indispensable en el cinturón o la caja de herramientas del obrero, en la cartera del estudiante de 12 años o en la cesta del jubilado. Me ahorraré mencionar sus virtudes que evidentemente las tiene, a lo que voy es a ese carácter potenciador que tiene de la idiotez humana.
Es frecuente ver a la puerta de cualquier bar un grupo de individuos con el dichoso aparato en la oreja, dando paseitos de arriba abajo, gesticulando y vociferando. Esto podría pasar ya como parte del paisaje urbanístico actual, pero uno de estos, el otro día, tanto alargó su inútil e inconsciente ‘recorrido de acompañamiento’, que se fue a mitad de la calle donde recibió el correspondiente vocinazo por gilipollas.
Varias veces ya se me han cruzado peatones por semáforos que tenían cerrados o se han bajado inopinadamente de la acera a mi paso y, en todos los casos, iban hablando por el móvil absortos en su conversación.
Claro que tampoco hay que generalizar. Son muchos también los que hablan sin poner a nadie o ponerse a sí mismo en peligro, lo que ocurre es que el idiota siempre ejerce de idiota y lo hace con el móvil, el coche o la scutter, o también sin ellos, pues ya se buscará él forma de acreditarlo. En realidad, por tanto, lo que habría que prohibir es la estupidez humana en general, pero mientras eso no sea posible…
Extractos de otras Publicaciones:

…el baño, el wc… -bueno, digámoslo ya: La letrina- contaba con un lujo desacostumbrado que ocurría los lunes y solamente los lunes. Continuar leyendo...

Hay días que entiendes perfectamente por qué Peter Pan no quería crecer.

…en 100 años no hemos inventado apenas nada nuevo en ese campo. Si acaso la nata desnatada. Continuar leyendo...

One thought on “Prohibir la Idiotez

  1. Esa historia me suena, vivo enfrente del conservatorio y algunos discípulos músikos viven en mi casa. Me suena mucho el jueguito, sí,si,sí. Es verdad, mi calle tiene músika y todo.
    Adelante con tu blog, parece que fueras dos en uno. El del blogs es más sensible y romántiko, el otro…uhhhh.
    Feliz primavera.

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