Practicamente amor.

 

Tengo una libélula, de la buena familia de los libelúlidos de toda la vida, que la supongo enamorada de mí y me aborda todas las mañanas por la calle. Me tiene cogidos, quizá, el horario y la ruta, se esconde en las bocacalles e intenta sorprenderme.

Tan bonita. Cuajadita de colores y brillos, con sus alitas de plexiglás.

Para hacerse notar, me avienta el flequillo a golpe de vuelo rasante. Funámbula en las rejas de los balcones. Sobre las pinzas de la ropa tendida, coquetona.

Se posa en el borde de un charco, arrugando, en torno a sí, la superficie del agua. Y alguna pompita que se le escapa. Hace como que bebe, pero me consta que no tiene sed, lo hace para que la mire, nada más que para que la mire. Ella, de reojo, me sonríe. Juraría, incluso, que me hace ojitos, eso sí, ojitos compuestos. Y, de vez en cuando, arquea el abdomen, cosa que a interpretar me resisto.

Cuando sabe que ha captado mi atención se despendola, pierde el pudor animal y ya, dominando como domina el arte de Ícaro, todo son cabriolas, loopings y caídas en barrena. Otras veces, queda inmóvil, flota en el aire, recreándose en la suerte. Yo soy el centro de su volátil Universo y rechaza a todos los caballitos machos que encelados por sus movimientos y por la primavera, se le acercan. Incluso, temeraria, pierde precauciones frente al feroz gorrión que, camuflado entre las tejas, la observa para hacerla su presa. Y ella pasa. Se adorna, se gusta. Se me entrega.

No es como la mosca pesada, el doloroso tábano u otros  desagradables invertebrados, sino que, aun concediéndole las características comunes e irrenunciables a la bichería, mi “Libe”, como yo la llamo, es una acompañante agradable. Al encanto de su arrullo, tú también vuelas: te da alas, como Red Bull. Subes, ingrávido, a buscar perspectivas nunca antes contempladas y, en aquellos mundos, puedes echarte al hueco de la mano un montoncito de promesas para ir picando, para ir tirando, saboreándolas, una a una.  Y, de nuevo en el suelo, al fresco de la mañana, se hace más llevadero cruzar la calle porque, Libe, te trae, al pasar, impregnados en sus patitas, los aromas del perejil de las macetas y el azahar de los naranjos amargos.

Qué pena. Qué desperdicio. Y que no están los tiempos para malgastar dulces historias de amor, como ésta. Con todos los ingredientes al uso, que por tener tiene hasta la emoción de la disparidad de los amantes, más allá de la diferencia de familia, como los Montesco y Capuleto,  diferencia incluso de especie: Ella, alada; yo, de corazón quitinoso. No puede ser. No sé por qué acelero el paso, me apresuro. Y, mira, que me hacen gracia sus gracias. Pero, he de reconocer que le huyo. La esquivo con un movimiento de cuello cuando da sus pasadas y  roza mis orejas dejándome su zumbido que, en honor a la verdad, es poco tranquilizador. Debe ser por el ancestral temor del hombre a que se le meta un bicho en el oído. Diré en mi descargo, además, que la verdad es que, sólo con muy buena voluntad, aquel ruido puede distinguirse del que produciría un abejorro. Será que como yo no soy un ángel, no entiendo mucho de los matices del batir de alas.

O tal vez será que, desde que me picó aquella abeja, de todos los insectos huyo.

Extractos de otras Publicaciones:

…el baño, el wc… -bueno, digámoslo ya: La letrina- contaba con un lujo desacostumbrado que ocurría los lunes y solamente los lunes. Continuar leyendo...

Hay días que entiendes perfectamente por qué Peter Pan no quería crecer.

…en 100 años no hemos inventado apenas nada nuevo en ese campo. Si acaso la nata desnatada. Continuar leyendo...

6 thoughts on “Practicamente amor.

  1. Que manera más bonita de contar algo tan cotidiano simple y sencillo, después de leer y releer solo puedo decir que por favor no nos prives de tus escritos, es todo un lujo disfrutar de ellos.
    Gracias y un saludo.

  2. Un lujazo. Mi imaginacion vuela por tu trayecto viendo tu imagen y tu libelula. Has tardado mucho en deleitarnos con otro escrito lleno de lirica. Ya estoy esperando otro. Espero que el letargo veraniego no aburra mi impaciencia. Gracias.

  3. Buenos días, cuñado:
    Has tardado pero ha merecido la pena.
    ¡No sabes que gusto empezar el lunes leyendo algo tan bonito!!
    Creo que el día irá mucho mejor.
    Gracias, no te aburras, sigue dándole a las teclas.

  4. Tras las vacaciones tuyas y nuestras vuelves a deleitarnos con otra pequeña obra maestra. Una preciosa metafora con ese estilo y lenguaje tan rico que caracterizan tus escritos. Repito todo un deleite. gracias.Vuelve pronto

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