Perdiendo el culo.

Mi padre, siempre tan liberal, pensaba que el culo estaba sobrevalorado. Le extrañaba que sus coetáneos tuvieran un pudor desmedido a la hora de dejarse ver el trasero, teniendo en cuenta que, decía, todos los culos son iguales, partidos por la mitad. Yo no era consciente, entonces, de hasta qué punto él, mi padre, era un avanzado a su época, un adelantado de aquella sociedad, un poco mema, que profesaba un culto sacrosanto a ciertas vergüenzas y que era, curiosamente a su edad, un precursor de las tendencias actuales.

Hubo un tiempo, según me contaba, en que los hombres se iban a la estación del ferrocarril para verles los tobillos a las mujeres cuando subían al tren. Me apresuro a decir que esto me parece ciertamente excesivo, claro, aunque admito que la imagen que se me viene a la mente de señoras con sombrillas y largos vestidos, me parece muy romántica; sin embargo, sin ir tan lejos, hasta no hace mucho, un culo recatado era indudablemente un valor seguro. Había culos sobre los que, al desnudo, nunca se posaron unos ojos, y ojos, que jamás cataron un culo despelotado. En el fragor de la adoración y respeto que se profesaba a la retaguardia, se acuñaban frases en torno a su importancia. Bésame el culo, que te den por culo, he quedado como el culo o vas de culo, que formaban parte de una profusa literatura que descansaba sobre las mismas posaderas en las que descansaba el hombre.

Sin embargo, actualmente, los culos van a la baja. No me refiero al efecto de la gravedad, quiero decir que están en saldo. El que más y la que menos, se queda con el culo al aire por un quítame allá esas pajas. Y no estoy pensando ahora en las guarras de Tele5, sino que actualmente, desde el peludo culo del fontanero, afanado en su tarea debajo del fregadero, al del jovencito de pantalones caídos y carísimos Calvin Klein, dándole por el ídem, pasando por el tatuado y tangado de la quinceañera montada en la scooter, vemos que la raja del culo sigue dividiendo a éste en dos partes exactamente iguales, la diferencia es que, a fuerza de notoriedad, se ha depreciado y ya a nadie le llama la atención.

Por enésima vez, hemos caído en lo que yo llamo el vicio del péndulo: ir de un extremo a otro, sin encontrar jamás el muy conveniente término medio. En eso somos maestros. Nuestra modernidad ha devaluado esa importante puerta falsa y todo lo que, con mayor o menor fortuna según los casos, la rodea. Hemos tirado por la borda de los parpados ese oscuro objeto de deseo, ese culo, otrora nacarado, y lo hemos hecho por nada, para nada. Porque, un culo de los de antes, de habitual tapado, blanco por la sombra blanca de las bragas blancas, se nos ofrecía, sólo a veces, como un manjar para iniciados, por lo común, en la penumbra de un cuarto o bajo la luz mortecina de una farola, en el asiento trasero de un coche. Esos momentos sublimes, en los que vemos a ciegas con los ojos de la palma de la  mano y contorneamos el culo al dictado de sus curvas, como si fuera un cuaderno infantil de caligrafía, es algo que hoy en gran parte se ha perdido. Y donde se ponga todo aquello, que formaba parte de un mundo mágico, que se quite  cualquier espectá-culo seudoprovocador callejero.

No sé, pero me pregunto qué hemos ganado, si es que hemos ganado algo, para, así, de manera tan gratuita, tan antiestética, tan snob, nos hayamos ido detrás de esas modas perdiendo el culo.

Extractos de otras Publicaciones:

…en 100 años no hemos inventado apenas nada nuevo en ese campo. Si acaso la nata desnatada. Continuar leyendo...

Lo peor de la traición es que nunca viene de un enemigo.

El papel vital de ese mequetrefe que da un paso al frente de la muchedumbre, unas veces para linchar y otras para hacer la ola a quién ni le va ni le viene… Continuar leyendo...

6 thoughts on “Perdiendo el culo.

  1. Me has hecho reir con tu relato histórico, del culo en decadencia. Con tu relato, divertido y sarcástico, me dejas claro, que evidentemente y por tu condición de romántico, los culos han perdido ese erotismo de antes, para ser un “algo” más que se ve con toda normalidad , ja,ja,ja,ja,. Una vez más, enhorabuena Quini, lo has “bordao”.

  2. Estos días estuve rodando por la costa portuguesa.¡No veas que culos mulatudos hay por allí!
    Me acaba de enterar de que te ausentas.¡Vaya,ahora que vengo con ganas de llevevarte la contraria. Que no sea nada y vuelvas proto.
    Gloria

  3. Muy bueno Quini…esta ves, has apelado a mi sentido del humor y me he reido mucho…Gracias por compartir lo que tan bien sabes hacer, escribir…:)

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