Padres ejemplares… a veces.

Era mi hijo pequeño entonces y yo le contaba una de esas historias que cuentan los “padres nuevos” que algún día serán “abuelos batallitas”. Un sucedido real en el que yo, agarrado a una cuerda, me mecía distraído y gilipollas, de tal suerte que la cuerda se rompió y yo di con la nuca, la espalda y toda mi tontería en el suelo. El costalazo fue en verdad importante, no dejó secuelas afortunadamente, salvo en el amor propio porque han pasado muchos años y todavía me acuerdo de semejante majadería.

Mi intención al contarlo al chico era buena, como la de todos los padres. El objetivo, ciertamente loable, de estas “enseñanzas” es que nuestros hijos aprendan de nuestros propios errores para que no incurran en ellos, lo que pasa es que a veces, no deparamos en que posiblemente el error en cuestión se debió a una acción muy personal e intransferible nuestra, digamos, poco brillante y para nada ejemplar, con lo cual el niño, en lugar de beber de nuestra experiencia, es muy libre de pensar: Yo nunca seré tan idiota.

Sea como fuere, al acabar mi perorata y como consiguiente moraleja, le dije solemnemente: Así que, hijo mío, se muy prudente en tus juegos y en tus actividades porque, ya ves que, en aquella ocasión, por una simple distracción, a mí me pudo costar muy caro, pues no me maté de milagro…

Pasado algún tiempo, se ve que al chaval le había gustado aquella anécdota en la que el capullo de su padre se había descalabrado y quiso recrearse un poco más en ella; pensó, sin duda, que a mí, docto y autosuficiente como en la primera narración, no me importaría contársela de nuevo. Y así era, pero…

Va y me dice: “Papá, cuéntame lo de aquella vez cuando no te mataste de “tulagro”…

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3 thoughts on “Padres ejemplares… a veces.

  1. Gracias, muchas gracias…hoy me arrancaste una gran sonrisa (que tanta falta me hacia) y eso es lo máximo dadas las circustancias…

  2. Fenomenal la forma y moraleja del escrito, que una vez más, lejos de esa melancolía que te caracteriza y cerca del llano de tus palabras, me han hecho recordar anécdotas parecidas que a todos los padres alguna que otra vez nos han ocurrido y a pesar de trasmitirlas a nuestros hijos…. “nadie escarmienta en cabeza ajena”…. Gracias Quini, unas veces lloro con tus relatos…,hoy…. me has sacado una sonrisa.

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