Mi sexto sentido.

 

Salvo error u omisión, vi a un abogado que huía de un pleito pobre y a un arquitecto que nunca hizo una casa para un sintecho

Un grupo de funcionarios blindados, tomaba café.

Un taxista tocando el claxon.

Un político que tocó Poder y se quedó sin tacto.

Un camarero que daba de beber a los que no tenían sed y le negó un vaso de agua a un mendigo.

Un ministro sin cartera.

Un rico tan pobre que no se podía permitir el lujo de perder el tiempo.

El vigía de occidente (me resultaba más gracioso Rompetechos, el del TBO).

Había algunos dioses, pero no el mío, que es personal e intransferible, además, no sirve para evangelizar.

Un Director-Gerente.

Un cartero que solo llamó una vez y un tío que hablaba a voces por el móvil, mientras daba paseos convulsivos.

Una muchacha en scooter que enseñaba el tanga.

Allí había también benefactores, prohombres y salvadores de la patria, incluso había reyes, excepto los de Heraclio Fournier y, por fin, los dictadores, estos, estaban todos, sin excepción.

 

Escuché algunas cosas, como:

“yo pienso de que…”

“a nivel de…”

“mirusté…”

“por consiguiente..”

“ud. no sabe quién soy yo…”

“le voy a poner una boutique a mi señora y a ti, un piso piloto”

 

También estaban por allí:

Dos tetas de 3.000 euros.

La ventana indiscreta y el voyeur

Clases particulares, excepto aquellas de lengua, con sabor a palomitas de maíz, mientras me perdía Ben-Hur.

Minas antipersona (no las conozco pro-persona, por tanto, estaban todas las bombas). 

Un futuro brillante y un presente con bombillas de bajo consumo. 

Un himno y una mano en alto, en lugar de tendida. 

Otro himno y un puño cerrado, que no podía acariciar. 

La patria, excepto la que no tiene fronteras, junto a ella su bandera y su ejército. 

Un solitario del cura solitario.

Un escandalizador de niños. Pensé en una piedra de molino de Quintana de la Serena (por prescripción bíblica) y unas tijeras de capar (por satisfacción propia).

 

Después, personas, animales y cosas aparecieron en tropel. Me trajo a la memoria aquella  primera película de los Hermanos Lumière, “La salida de la fábrica”. Recuerdo que vi a los colonizadores y a las colonias, excepto mi Alvarez Gómez y tu Lavanda Inglesa.

La reserva espiritual de occidente y la reserva india del oeste. (Para reserva, unicamente el vino).

Una unidad de destino en lo universal, que no tenía cabida en el sistema métrico, ni en ningún otro.

La sangre azul y la raza aria, prefiero los hijos bastardos, con mil leches corriendo por sus venas.

Los apellidos notorios, excepto Tenorio.

También, las revoluciones, pero no estaban ni la francesa ni la que tenemos pendiente.

La bala del  Kaláshnikov que suele venir por la izquierda y la del M-16, por la derecha, pero no estaba la víctima.

La violencia de género y todo género de violencia.

El aborto: final de una fiesta a la que no está invitado.

El árbol de navidad, prefiero el belén, excepto Belén Esteban.

Los que pagan el pollo que se come Andreita.

La cobardía de volver con la frente marchita y cuando ya las nieves del tiempo platean la sien, aunque, también es cierto que más vale tarde que nunca.

Mis contradicciones, como la anterior.

Los que piden la vez y nunca dan la oportunidad.

El sindicalismo en horas de trabajo. 

Los cheques sin fondo, la letra pelota, los títulos mobiliarios, las cartillas caninas de pedigrí  y otros papeles higiénicos.

Ah!, se me olvidaba, el incremento negativo y el descenso positivo, junto a los anteriores papeles.

Los pies en el suelo y la cabeza sentada.

El bisoñé del calvo y el calvo del bisoñé. El tupé de Aznar, los injertos de Bono y el peinado de Anasagasti. (Prefiero tu pelo, incluso el de la cabeza).

El zapato con alza del bajito y el bajito que lo lleva. (…ni siquiera por estar a la altura de Carla Bruni en vertical…)

Una Oda en un billete escrita.

Un peatón cruzando por donde le sale de…

El pájaro en mano. Prefiero los 100 volando, los pájaros en la cabeza, los pájaros de Hitchcock  y las oscuras golondrinas.

Un apartamento en Torrevieja, Alicante. Es mejor premio un castillo en el aire.

Y, por fin, las listas exhaustivas, por eso voy a terminar ya con ésta, que no pretende serlo.

 

Unicamente  añadir que allí estaba también mi 6º sentido que es el culpable de que yo vea a todos estos. Porque yo, en ocasiones, veo muertos y, al igual que Bruce Willis, ellos no lo saben.

Extractos de otras Publicaciones:

…en 100 años no hemos inventado apenas nada nuevo en ese campo. Si acaso la nata desnatada. Continuar leyendo...

Lo peor de la traición es que nunca viene de un enemigo.

El papel vital de ese mequetrefe que da un paso al frente de la muchedumbre, unas veces para linchar y otras para hacer la ola a quién ni le va ni le viene… Continuar leyendo...

2 thoughts on “Mi sexto sentido.

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