La Revolución pendiente.

 

“”Papá cuéntame otra vez ese cuento tan bonito
de gendarmes y fascistas, y estudiantes con flequillo,
y dulce guerrilla urbana en pantalones de campana,
y canciones de los Rolling, y niñas en minifalda.””…

…dice una canción de Ismael Serrano, un cantautor que, por otra parte, no me disgusta especialmente, ni él ni su canción, incluso fui a su concierto cuando vino a Badajoz. Podéis escucharla, si no lo hicisteis ya, en este enlace.

Efectivamente, hace 30 ó 40 años, si de algo estábamos bien servidos era de razones por las que luchar o despropósitos contra los que combatir. Teníamos auténtico overbooking de grandes causas. Por si era poco el discutible privilegio de ser víctimas de un régimen totalitario en pleno corazón de Europa y te asomabas al exterior, allí el panorama era, realmente desolador, un terreno abonado para que activistas, fusil o guitarra en mano, se echaran al monte. Sierra Maestra, La Casa de la Moneda, Vietnam, Somoza, Videla y un larguísimo etcétera, era, efectivamente, para ponerse los pantalones de campana, como dice el pollo este, y largarse con la niña de la minifalda a Woodstock y, allí,… fumando, espero el Mundo que yo quiero. 

Pasados los años, te das cuenta de que lo mejor que puede hacer un revolucionario que se precie, es morir en el intento, porque, si sobrevive,  se convierte por lo general, véase la historia, en una reedición del tirano depuesto y encarna todos los males contra los que supuestamente luchaba, o más. Daniel Ortega y el Comandante Fidel, son ejemplos cercanos de lo que digo, un feo escaparate para las clases revolucionarias, y culpables de mi escepticismo. Por el contrario, ahí tienen a Che Guevara, todo un mito, muerto, eso sí, pero un mito. Es lo que tienen los muertos, que se les puede mitificar sin riesgo de que sus actos posteriores te dejen con el culo al aire. Por eso me cayó siempre tan bien el Comande Cero, Edén Pastora, que puede ser la excepción a esta regla y que, una vez triunfada la revolución Sandinista, viendo el giro que estaba tomando Ortega, le dio un corte de mangas y se apartó sin participar en el reparto del botín y, además, vivo y coleando. En fin, que para hablar con propiedad de una auténtica Revolución, me temo que habría que remontarse a la francesa de 1.789. Eso creo, pero tampoco estoy seguro.

Sea por este desencanto o porque los jóvenes ahora, les basta para saciar sus inclinaciones contestatarias, con crear un grupo de título más o menos rompedor en Facebook, lo cierto es que actualmente andamos un poco escasos de revolucionarios como los de antes. Y no es que haya falta de elevadas causas pues, aunque es incuestionable nuestro avance en materia de Derechos Humanos, por propia definición, al ser humanos, son imperfectos y dejan muchos cabos sueltos y por atar. Quizá, lo que pasa es que, visto lo visto, han perdido el romanticismo de antaño.

De la misma manera que el otro día les hablaba de los ministros sin cartera de la dictadura de Franco, unos chupópteros que tenían una razón de estar pero no de ser, actualmente, estamos asistiendo (¡no tenemos arreglo!) a la aparición de unos personajes que, por analogía con aquellos, podríamos denominar Revolucionarios Sin Cartera. Esto es: Progres sin una causa consistente que llevarse a la mochila. Lo más gordo es que no son sólo mozalbetes de 15 años, lo cual sería propio de su naturaleza y entrarían de lleno en el viejo concepto del Rebelde Sin Causa, sino que son cuarentones e, incluso, lo más preocupante, es que tenemos ejemplos notorios de ellos en la clase política y también en la gubernamental.

Cuentan que, a uno de éstos, siendo aún un crio y mientras que su padre le relataba que en el famoso Mayo francés del ’68, circulaba una frase que decía algo así: Seamos realistas, pidamos lo imposible, el chaval, con la carita iluminada por la ilusión, dijo: Yo, cuando sea mayor, haré una Alianza de Civilizaciones!

Majaderías, propias y ajenas, aparte, me parece un poco descarado que recurran a papá para que les haga una transferencia de consignas con las que pintar sus pancartas.

¿Papá, cuéntame otra vez ese cuento tan bonito?… Eso, que te lo cuente tu padre.

 

Extractos de otras Publicaciones:

…en 100 años no hemos inventado apenas nada nuevo en ese campo. Si acaso la nata desnatada. Continuar leyendo...

Lo peor de la traición es que nunca viene de un enemigo.

El papel vital de ese mequetrefe que da un paso al frente de la muchedumbre, unas veces para linchar y otras para hacer la ola a quién ni le va ni le viene… Continuar leyendo...

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