Indiana Jones y el mítico túnel bajo el Guadiana. (y II)

Como les decía, creí que todo había acabado, que todo estaba perdido, pero de pronto sentí como la vida hormigueaba de nuevo por mi magullado cuerpo, levanté los ojos y vi la luz al fondo del túnel. ¿Dije túnel? Sí. ¡Lo había encontrado! Allí estaba. El túnel bajo el río existía, no era una leyenda urbana.

Angosto, poco adaptado para minusválidos, era un estrecho tubo, oscuro, húmedo y frio. Algo así como las catacumbas de los cristianos pero con un toque más espartano y casual, ya saben cómo son para estas cosas los árabes: Gadafi se aloja en su jaima en lugar de un hotel de 5 estrellas. Mi objetivo estaba cumplido, ya podía dar por finalizada mi aventura. Tenía muchas ganas de venir al ordenador y contar cuanto antes mi descubrimiento al Mundo, pero Indy no habría dejado cabos sueltos y yo aún tenía cosas por hacer. Así que, aún maltrecho, me interné en él.

En una atmósfera tan inquietante como aquella, poco me extrañó la aparición del consabido esqueleto con la tradicional mueca calavérica de haber tenido una muerte terrible. Cuando estaba a punto de considerarlo una parte más del decorado y seguir mi camino, deparé en una inscripción que aquel desdichado había hecho en la pared poco antes de morir -sé que esto también es muy previsible pero, qué quieren, recuerden que hay huelga de guionistas-. El caso es que, en perfecto lenguaje árabe de cuya versión original no quiero acordarme, decía algo así: “Soy Ibn Marwan al-Chilliqui (*) y voy en busca de la ciudad mítica de Badajoz”.

Ahora sí que mi misión había terminado. Dejo a Uds. la deducción de la moraleja. Solo me restaba un final de película, también típico, en el que el chico se va con la chica en dirección a la puesta de sol, así que, tomé de la mano a la presentadora del telediario y nos subimos en una barca de aquellas de madera que en los ’60 surcaban el Guadiana. Podíamos ir por la margen izquierda que a la sazón había una alianza de civilizaciones pero, como recordarán, yo tenía heridas producidas por varias culturas y nacionalidades y, claro, no me fiaba mucho de ninguna de ellas. Por otra parte, también hubiéramos podido surcar la margen derecha pero, ésta también anda revuelta últimamente, así que nos dejamos llevar por la corriente, hacia el oeste, por el también mítico centro.

Mismamente.

THE END

 

(*) Fundador de Badajoz, nada que ver con el Chiquilicuatre.

Extractos de otras Publicaciones:

…el baño, el wc… -bueno, digámoslo ya: La letrina- contaba con un lujo desacostumbrado que ocurría los lunes y solamente los lunes. Continuar leyendo...

Hay días que entiendes perfectamente por qué Peter Pan no quería crecer.

…en 100 años no hemos inventado apenas nada nuevo en ese campo. Si acaso la nata desnatada. Continuar leyendo...

Deja un comentario