Estatuas ecuestres.

Podría haber sido en cualquier ciudad, en cualquier parque o plaza, porque estatuas ecuestres las hay en todos lados pero fue, porque sí,  junto a la del controvertido Cortés, en Cáceres, en que yo, mientras esperaba a que el semáforo se me pusiera perrunillero, me quede observando y me dio por pensar.

No diré nada, porque hoy no toca, en relación con el animal que va encima del pedestal (y no me refiero al caballo precisamente), eso será otro día; para esta ocasión resulta irrelevante  que sea un asesino de indígenas, como es el caso, o un dictador, como en aquella de Franco que había en Madrid, frente a los Nuevos Ministerios. Y es que, claro, supongo que los que hacen las estatuas, al igual que los que escriben la Historia, son los vencedores, pero, como ya he dicho, ese es otro tema.

Me referiré, pues, en general a todos esos monumentos en los que aparece el prohombre en cuestión (que suele ser un militar) subido a un equino, ambos en pose gallarda e, incluso, un poco chulesca para mi gusto. Y voy a prescindir también del posible valor artístico que le haya impreso el escultor. Lo diré ya: Son tremendamente horteras. Qué derroche de bronce. Qué despilfarro de material. Francamente me resultan incomprensibles estas manifestaciones de exaltación, independientemente que uno esté acostumbrado a verlas por doquier, de tal manera que ya ni nos llaman la atención.

Porque, vamos a ver, comprendo que se quiera ensalzar a un payo que haya realizado tal o cual hazaña, esculpiéndolo en un material mas o menos noble y así perpetuarlo, pero… ¿a qué viene incluir al cuadrúpedo en la figura? Ya suponemos que estos próceres tenían un bonito caballo, incluso varios, no hace falta decir más, que no somos tontos. Era gente importante y, en aquellos tiempos, además de cabalgaduras seguramente que tuvieran también, por ejemplo, un vistoso carruaje, incluso un Rolls Royce, en el caso del Caudillo y, sin embargo, no se incluye en la estatua, salvo en la de la Diosa Cibeles.

Se me dirá, a lo mejor, que el caballo era el signo de distinción del interfecto, finalmente difunto, o, quizá, su arma de guerra pero, con ese mismo razonamiento, a Rommel habría que representarle montado en su tanque. ¿Y, qué me decís de Armstrong, el que fue a la Luna de verdad, no el que flotaba en la luna pasando por el Tour de Francia? Ese tendría que aparecer subido al Apolo 11. Por no decir nada de Noé. Representar el Arca en bronce o mármol sería algo que no soportaría ningún presupuesto municipal.

Tal como van las cosas a mí probablemente nunca me erijan una estatua, y que dios confunda a aquel que se le pudiera ocurrir semejante dislate, no quiero que mi coronilla sirva para que las palomas hagan puntería, pero en el improbable caso de que a algún necio se le ocurriera, a mí tendrían que inmortalizarme montado en mi Renault 8 -TS, mismamente. La verdad es que, puestos así, creo que tiene más cuenta que el cincel del artista enaltezca a poetas o escritores que a estos capullos de la guerra porque no son nada sin sus artefactos y nos salen carísimos.

En fin, curiosa costumbre ésta de que los mandatarios le levanten a cualquiera de su onda política o guerrera una estatua ecuestre, “ecuestre lo que ecuestre”, para que la paguemos todos.

…Y se abrió el semáforo…

Extractos de otras Publicaciones:

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3 thoughts on “Estatuas ecuestres.

  1. Si la espera en un samáforo te ha dado para todo eso, no quiero ni imaginar para cuanto te puede dar esperar (por ejemplo) a que te toque tu cita con el médico de urgencias…eres único, gracias por regalarnos buenos momentos.

  2. Tengo entendido que las estatuas ecuestres reflejan la forma en que murió el jinete en cuestión. Es decir, si murió de muerte natural, el caballo tendrá las dos patas apoyadas en el suelo. Si fué a consecuencia de las heridas de guerra tendrá solo una apoyada y si murió en la batalla el caballo estará con las dos patas delanteras levantadas. Por lo que parece entonces que el caballo es un mero símbolo. De cualquier manera estoy de acuerdo contigo, no deja de ser una horterada como la copa de un pino…

    1. Cierta es la exposición de las patas o manos del equino en cuestión, Marian.
      Pero no podemos olvidar que todas las grandes conquistas de la historia se la debemos a los grandes estrategas y su poderosa caballería.
      Nada tengo en contra del R8 de Quini, salvo que culeaba de lo lindo, lo que nos encantaba a los dos,…lo del culeo claro, pero de ciertas chicas de la época¡¡¡
      Lejos de mi terruño nunca olvido que los portugueses y el resto del mundo sostienen y alaban sus viejas obras de arte, desgraciadamente, en este País se alaba mas a la Campos, el JJ, G. H. o a la cuñada de la sin par Rocio jurado, de puta pena. Soy un tonto enamorado de su País y sus defectos, las Virtudes ya se retiraron.

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