El Vulgo

Lo que voy a plantear a continuación es la pura constatación práctica de una realidad que podéis comprobar, al igual que hice yo, cualquiera de vosotros, eso sí, varones a saber.

Si debido a cualquier razón, alguna vez os encontráis en una situación de tensión, de estas que sobrecogen el ánimo, causan angustia, ansiedad, miedo o incluso pánico; en esos momentos de zozobra, pero de zozobra de verdad, podréis comprobar –si os tocáis- como toda la zona escrotal se encoge, se endurece y se contrae; la bolsa testicular se “desinfla” y deja de ser “recolgona” y pendular. Algo así como cuando sentimos mucho frío. En fin, la situación que intento describir, es lo que el vulgo llamaría, certeramente por otra parte –como se verá- “estar acojonado”.

En esa situación se produce, además, un acontecimiento igualmente curioso: Los testículos desaparecen, bueno, en realidad lo que ocurre es que se escamotean en vaya Ud. a saber qué recóndita oquedad perianal.

¿Por qué ocurre esto? Sinceramente, no lo sé. Pero admito que he pasado algún tiempo meditándolo y haciendo comprobaciones empíricas, es decir, como diría gráficamente algún malpensado y peor hablado -vulgo, otra vez- que he pasado bastante tiempo tocándome los huevos intentando descubrir  la razón de este desconcertante fenómeno.

Quizá, la explicación a semejante descojone –vulgo, de nuevo-, subyace en las ancestrales “peleas de machos” que se producen en todas las especies provistas de tales adminículos. En ese momento de incertidumbre anterior al combate que desemboca en esas situaciones –el acojono que yo relataba-, la Naturaleza ha hecho que se desarrolle un mecanismo de autoprotección mediante el cual los testículos quedan menos expuestos al fragor de la lucha y, así, menos vulnerables ante el ataque del macho contrario.

Puede ser pero, repito, no lo sé. Y la verdad es que tampoco me importa mucho.

Mi objetivo fundamental era romper una lanza en favor del denostado vulgo, por lo general tachado de ordinario e incluso soez, pero que hemos de reconocer que apoya sus rotundas afirmaciones en bases sólidas y descaradamente prácticas, con una admirable capacidad de síntesis y una riqueza ilustrativa del lenguaje que asombra.

Y, por si aun no os he convencido, ahí va otro ejemplo para terminar y abundar un poco más en mi razonamiento. Aquel estado anímico que antes intenté transmitiros de ansiedad, congoja, desazón…etc. el vulgo lo describiría con tres palabras, como siempre de forma literal, certera y magistral: “Tener los huevos de corbata”.

Extractos de otras Publicaciones:

…el baño, el wc… -bueno, digámoslo ya: La letrina- contaba con un lujo desacostumbrado que ocurría los lunes y solamente los lunes. Continuar leyendo...

Hay días que entiendes perfectamente por qué Peter Pan no quería crecer.

…en 100 años no hemos inventado apenas nada nuevo en ese campo. Si acaso la nata desnatada. Continuar leyendo...

2 thoughts on “El Vulgo

  1. Absolutamente cierto y desconcertante la actutid de las dos bolas masculinas mas cobardes que he conocido. No disfrutan mas que con el exito seguro. Por lo demas, el texto esta bien concebido, extructurado y de pensamiento rapido y profundo,ajajaja. Como siempre, un artista.

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