El móvil. Capítulo I. (El shock del futuro)

Una buena mañana, mi móvil amaneció muerto y todos los intentos de reanimación resultaron infructuosos.

Un poco indiferente, lo guardé en un cajón y me lance a la calle a mis quehaceres diarios, pensando que cuando tuviera tiempo, tranquilamente buscaría una solución. No sabía lo que me esperaba.

Varias veces a lo largo de la jornada, palpaba inconscientemente mi bolsillo vacio, buscando el teléfono como hacía normalmente para ver si tenía alguna llamada que no hubiera escuchado. Un incipiente nerviosismo comenzaba a apoderarse de mí, era una especie de sensación de angustia incomunicativa (lo mismo invento el término para los tratados de psicología), era como si no tuviera posibilidad de relacionarme con mis congéneres y eso me hiciera presa fácil de los depredadores. Por un momento, tuve miedo. Estaba sólo. Aislado.

En estas estaba cuando, para colmo, me encuentro a un amigo y me dice: Dónde, coño, te metes?. Estoy harto de llamarte (al móvil) y lo tienes apagado… Mientras le explicaba el problema, me vino a la mente un pensamiento terrorífico, una sentencia lapidaria: Si estás fuera de cobertura, no existes. Tremenda ansiedad. Me fui a casa rápidamente a recuperar el cadáver aún caliente y hacerle el boca-boca, tenía que darle siquiera un soplo de vida que le permitiera, al menos, darme en su último estertor las llamadas perdidas. Todo fue inútil. Aquel cacharro estaba más tieso que Carracuca.

En medio de mi desesperación, comenzó a sonar el teléfono fijo: Tío, dónde, coño, te metes?. Estoy harto de llamarte (al móvil) y lo tienes apagado…Otra vez?. Reprimí un grito. Miré el reloj: Aún están las tiendas abiertas. DEFCON 2. Ha comenzado la operación ‘conseguir un móvil a toda costa’ –pensé-. Mientras me dirigía a la puerta aún sonó el fijo de nuevo, pero ya no quise contestar en un acto supremo de autoconservación. Tomé el ascensor. Jeronimoooo!!

La calle. La hora de punta, el tráfico de pico. Las señoras con el 4×4 a por sus hijos al colegio no se concienciaban de mi problema y se dejaban cerrar los semáforos ante mí. El tiempo corría. La tierra prometida se llamaba Vodafone y el Mar Rojo era el color corporativo. Inciso: ¿Se han dado cuenta de la cantidad de empresas que comparten el mismo color del rotulo? Banco de Santander, Mapfre, ING Direct… Iguales o cuestión de matices? Daltonismo o nervios? El caso que todos me parecen iguales. Ese mimetismo hacia aún más difícil localizar a mi proveedor de telefonía móvil (toma circunloquio!). Maldije a los publicistas por semejante falta de creatividad.

Al fin, casi cerraban cuando llegué. La dependienta, con su mejor voluntad, comenzó a relatarme las virtudes de los distintos modelos: Este tiene blutú (¿) pero, por el contrario, carece de guap, sin embargo éste viene con Java (nada que ver con la Reina de Saba) y además trae GPRS, (diosmio, gepeerreese, será posible tanta felicidad!), pero el novamás –prosiguió la chica, que había puesto el piloto automático- es este nuevo modelo que, además de todo lo dicho, tiene no sé cuantos millones de pixeles, emepetrés, güifi, uesebé, megas a porrillo….y, en fin, incluso trae la momia que mea colonia.

Yo la oía sin escucharla, asintiendo complaciente, como si participara de aquella jerga y, además, estuviera sobrado en el tema. Imbécil, en una palabra. Habla, habla, maldita!-pensé- que lo único que quiero es que acabes y salir de aquí con esa maravillosa máquina encima.

Pagué lo que me dijeron, firmé en un barbecho y me dirigí apresuradamente hacia la puerta con mi preciada carga. Aún antes de llegar, una voz a mi espalda dijo: Ah, señor, además tiene blasberry!. Ya ni volví la cabeza. A la mierda!. Yo ya tenía lo que quería. Al salir de la tienda, me vi reflejado en el cristal del escaparate, mi rostro era el de un hombre satisfecho y dibujaba una estúpida sonrisa…

 

Extractos de otras Publicaciones:

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El papel vital de ese mequetrefe que da un paso al frente de la muchedumbre, unas veces para linchar y otras para hacer la ola a quién ni le va ni le viene… Continuar leyendo...

One thought on “El móvil. Capítulo I. (El shock del futuro)

  1. veo que no tiene comentarios, pero no es que sea bueno, es que es una verdad como un pino. Como dicen las cuñadas, a mi tambien me pasó y lo cierto es que comparto todo el sentimiento que describes, jejeje, es alucinante

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