El canuto biodegradable

Hijos de los supervivientes de una guerra civil, los niños de mi generación fuimos marcados desde la más tierna infancia por dos acontecimientos históricos determinantes: La Dictadura y el papel higiénico “El Elefante”.

Efectivamente, aquellos críos de los “25 años de paz española”, yo diría que éramos los “niños de la lija”, por la erosión a la que estábamos sometidos tanto por arriba como por abajo. Para las ideas, Franco, disponía de unas herramientas muy efectivas, como por ejemplo, aquella garlopa tremenda, llamada F.E.N o Formación del Espíritu Nacional, una intragable asignatura que en las escuelas no dejaba títere con cabeza, y pobre del títere que mantuviera la cabeza. También, para el sur, teníamos otro arma no menos terrible: El rollo El Elefante.

Pero me parece que, antes que nada, debo tratar de dejar constancia para la gente nueva de cómo era aquel papel, al que dios confunda. Y es que, el papel higiénico El Elefante, es como el propio franquismo, que a algunos nos dejó heridas, pero los jóvenes ni lo conocieron.

Diré que era basto y feo, de color marrón, como presagiando su oscuro destino. El rollo venía envuelto en un celofán con la figura del animal,  junto a la que se podía leer: 400 hojas. Nunca entendí cómo se contaban las hojas, pues aquello no tenía ninguna separación, era una franja de papel sin solución de continuidad. Una cosa sí era cierta, después de usarlo, te sentías la victima de 400 de aquellos proboscídeos, todos machos y en celo. Quizá era ese el mensaje subliminal que se quería transmitir.

Pero lo peor de todo era su textura. Nada que ver con la delicada toallita de celulosa actual. Aquel papel era duro, paquidermo y malencarado. Por una cara, brillante y pulido, como papel cuché y, por la otra, rugosa y áspera. Si, la primera, era odiosa porque se le formaban aristas y picos cortantes, la otra, era temible, como una lija de grano 50. De tal suerte que nunca supe dónde tenía aquello el derecho y el revés. Era como tener que debatirse entre dos opciones a cual más dolorosa: utilizar la glamurosa revista Hola o, el más culto, Financial Time. Estabas perdido.

Mientras me hallaba sentado en el retrete, a mis cosas, esperando y resignado a lo que venía a continuación, yo me dedicaba a manosear una generosa tira de aquel papel para hacerlo más cariñoso llegado el momento. Lo arrugaba, lo estiraba y lo volvía a arrugar, como amasándolo. Sin saberlo, estaba invocando, inventando, el Kleenex. Pena no haberlo patentado.

La dictadura y el Elefante, dejaron su huella, pero pasaron a la historia hace tiempo. Por la G. de D. A estas alturas democráticas, cuando prácticamente estamos acabando de hacerle el rodaje al siglo XXI, otra cosa no tendremos, pero hay que reconocer que el papel higiénico actual es muy amoroso con nuestra retaguardia. Acolchado y suave como el terciopelo; tiene varias capas, dibujos, perfume, crema, en fin, lo tiene todo, es la momia que mea colonia. Esto a nadie le llama la atención hoy, pero os aseguro que aquellos niños del elefante, con  semejante prodigio, no sabemos si limpiarnos el culo o casarnos con él.

Pero, si he vuelto a rememorar todo aquello, no sin el precio de alguna que otra punzada anal, es porque ayer estaba tirado en el sillón, después de comer, y a punto de echarme un vistazo por dentro, cuando un anuncio de la televisión me espabiló. Fue de estas cosas que, al verla, uno dice grandilocuentemente para sí mismo: ¡Hemos alcanzado el Futuro!

No sé si van a creerme, pero acaba de salir al mercado un rollo de papel higiénico, cuyo eje central consiste en un revolucionario tubo de cartón biodegradable. Es decir (aunque ya lo hayan entendido, déjenme disfrutar recreándome en su explicación): Este espectacular avance de la tecnología, nos va a liberar de la pesada carga de, una vez agotado el papel, tener que tirar el canuto a la papelera, ya que podemos arrojarlo ventajosamente al váter, porque se disuelve como una aspirina efervescente. Lo mismo a Uds. se les ha puesto cara de haba y piensan que, realmente, el hallazgo en cuestión, no deja de ser una solución ingeniosa a un problema inexistente, pero yo me pongo nervioso solo de imaginarlo. Haré una pausa para amortiguar el shock que supone encajar esta idea en nuestras cabezas.

Sigo. Al invento, de trascendencia vital, creo que sin embargo no se le ha dado la importancia que merece. El propio anuncio de TV es muy comedido y parco en alabanzas, yo, en el lugar de sus creativos publicitarios, tras resaltar todas sus cualidades, remataría con un slogan algo así: …y, además, si se le termina el papel, no pasa nada, límpiese con el canuto….

En fin, supervivientes de la dictadura, niños que fuimos de trasero maltrecho; españoles todos: Regocijaos. El futuro ha llegado; saludémosle. Franco y El Elefante están ya donde tienen que estar, junto al canuto biodegradable, ahora sólo nos queda, tirar de la cadena.

Extractos de otras Publicaciones:

…el baño, el wc… -bueno, digámoslo ya: La letrina- contaba con un lujo desacostumbrado que ocurría los lunes y solamente los lunes. Continuar leyendo...

Hay días que entiendes perfectamente por qué Peter Pan no quería crecer.

…en 100 años no hemos inventado apenas nada nuevo en ese campo. Si acaso la nata desnatada. Continuar leyendo...

7 thoughts on “El canuto biodegradable

  1. Se me acaban los adjetivos contigo que forma de relacionar acontcimientos es increible ya no se que mas decir
    genial genial genial
    gracias amigo

  2. Buenísimo, de verdad, ocurrente, divertido y fantásticamente explicado. Estás en racha total, me alegro.
    No tengo tal mal recuerdo de la FEN, a mí no me pareció tan intragable….ya sabes…., pero lo del elefante, no sé si bueno o malo pero tengo un recuerdo imborrable. La prueba es que siempre que evoco el pasado sale a relucir el dichoso papel higiénico.

  3. Un relato claro, explícito, sarcástico, divertido, elocuente, real,… creo que de nuestra generación, nos acordamos, aunque sea a grandes rasgos de aquel temible papel, pero ha resultado agradable excarvar contigo la memoria y el subconsciente. Ja,ja,ja,ja,,, Enhorabuena, me haces pasar unos minutos únicos, que incluso me llevan a releer el texto un par de veces…. Gracias Maestro.

  4. GENIAL. Nadie dio por culo tanto como el papel higienico El Elefante. Ahora los rulos no sirven ni para hacer tiradores. Se degradan con el agua.
    Cuando me inspire, cosa que veo dificil, escribire algo de este monstruo llamado QUINI para conocimiento de todos.

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