Don Eduardo Barajas o la ironía francesa.

 

-¡Le he visto con una mujer que se estaba desnudando!

-No. Esa mujer es su esposa, que se estaba vistiendo…..

Eduardo Barajas

 

A lo largo de estos años he aprendido muchas cosas, claro, como no podía ser de otra forma, simplemente, he tenido tiempo para aprender. Algunas cosas me las enseñaron las buenas personas pero, otras, también las aprendí, de la mala gente; queriendo ellos enseñarme, o sin querer, que de todo hubo. Otros, a sabiendas, me formaron y me educaron; esos fueron los mejores.

Don Eduardo Barajas, fue mi profesor de francés en COU, a él le debo todo el francés que sé y también todo el que he olvidado que, en realidad y por desgracia, es mucho más. Nos hacía leer a Malraux y a Ionesco en su propia lengua, ya ven por dónde van los tiros. Leíamos, conversábamos y, entre eso y las canciones en francés que yo escuchaba continuamente, hubo un momento en que, a ratos, llegué incluso a pensar en francés. Aprendí mucho aquella lengua y, sin embargo, ahora me doy cuenta de que fue lo que menos aprendí aquel curso.

Porque, Don Eduardo, con demasiados argumentos frente a la sinrazón, además, atesoraba la fuente de la que mana la Ironía y, con ella, burlaba todos los corsés; y, de ella, bebíamos todos en aquellos tiempos de sequía. Los mil gestos y gesticulaciones, la boca que oportunamente sonríe o hace una mueca, o los ojos que, unas veces, dirigen y, otras, redirigen, son capaces juntos de cambiar el sentido de lo que sale de la garganta; el arte de tocarle el clítoris a las palabras, ponerlas cachondas, hacerlas tuyas para que digan lo que no dicen. Porque a veces, cuando alguien se empeña en hacernos callar, hay que gritar el silencio; decir grandes verdades con medias palabras, sacar a pasear los circunloquios y llevar a los carnavales los vocablos proscritos. Porque en ocasiones, las palabras de los hombres buenos son las enemigas a batir, hijas bastardas de la verdad que no interesa que se diga, pero los hombres buenos nunca deben callarse.

Todo ese mundo para iniciados era el que dominaba como nadie Eduardo Barajas, funámbulo en un alambre de espino, un hombre amordazado, como todos entonces, y con la obligación de formar a los nuevos muchachos que empezaban a llegar con la cara llena de un incipiente acné de libertad; y tenía que hacerlo así, a golpe de contrasentido, con palabras escurridizas al desove. Y así lo hizo. En eso, y en la lengua de Víctor Hugo, fue un gran maestro.

Aprendí, como digo, mucho francés aquel curso, pero, curiosamente, nunca me sirvió para aprobar su asignatura, ni falta que hizo, porque, finalmente, 1.975, resultó ser un año jubiloso y, para celebrarlo, Don Eduardo dio aprobado general.

Extractos de otras Publicaciones:

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6 thoughts on “Don Eduardo Barajas o la ironía francesa.

  1. No se si ha sido mucho o poco el francés que conseguiste aprender, (no tengo pruebas) una cosa si tengo muy clara y es que no si si te enseñaron o simplemente eres así de genial, pero caramba que bien sabes usar las palabras!

  2. Al menos, Quini, ese profesor, que ciertamente, casi todos conservamos alguno especial en la memoria, por unas cosas o por otras, te enseñó a amar la lengua (el francés, digo ), y a utilizar esa ironía, esa picardía al expresarte. Me gusta tu relato. Enhorabuena, sigue mostrándonos tu trabajo….. Tú también enseñas, a diario.

  3. Yo de francé ni papa, pero bueno es una lengua que suena muy bien.Para mi todos los idioma tiene su encanto, ni uno mas , ni menos.Te felicito me encanta como siempre leerte,llevas razón nuestros maestros alguno mas que otros quedan nuestros recuerdos, con mas cariño o menos.Que los habías de todos los grados de simpatía y de los mas malages, que te lo hacían pasar mal…gracias por enseñarno tus vivencías…

  4. C’est un plaisir de vous lire. Jajaja, he tenido que tirar de traductor, tampoco recuerdo mucho de esa lengua que, entonces, nos obligaban a estudiar. La verdad es que me gustaba, incluso llegué a aprenderme alguna canción. Lo dicho, un placer leerte.

  5. Ya se de donde sacastes tu ironia. Es que los Eduardos son buena gente aunque malos profesores porque el sedimento se fue pronto. O fue la memoria…?

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