De vuelta de ningún lugar

 

Adiós, Agosto. Bendito y con dios vayas. Que te den.

 

Yo creo que si hay un mes en el calendario anual en el que sale a relucir con todo su esplendor la estupidez humana, ese es Agosto. Con gusto, me lo saltaba, pasaba de Julio a Septiembre, sin solución de continuidad. Claro, que de nada iba a servir pues, el problema mayor de la gilipollez es que el gilipollas tiende siempre, incansable y machaconamente, a demostrar que lo es, y ya encontraría otro mes en que manifestarse a sus anchas.

 

Hacia mediados de esa nefasta luna, sobre las ocho de la mañana, bajo en el ascensor de mi casa. Tras una parada involuntaria en uno de los pisos, sube una vecina. Es fea, muy fea, además, en este caso, no le asiste la circunstancia atenuante de la simpatía, y va y me pregunta: ¿Ya te has ido de vacaciones o todavía no? Pero, vamos a ver señora mía, ¿donde está escrito que hay que irse de vacaciones en Agosto, y por huevos?

 

Ustedes pesarán que no es para tanto y que le tengo manía, pero déjenme seguir y se lo explico. Lo que pasa es que, esta tía, jamás me habló cuando en alguna otra ocasión me la he encontrado en el ascensor. Hola, Adiós y punto. Sin embargo, ese día, estuvo de lo más comunicativa: En los 20 segundos que duró el trayecto, me contó su viaje a no sé dónde del Caribe. Un sitio de esos que te ponen una pulsera y te sueltan en un redil con derecho a todo tipo de forraje. Es un marco ideal e idealizado para el turista, donde no hay penas, ni ejemplares autóctonos que las pasan canutas. Luego, vuelves y cuentas, como esta payasa, que has estado en Santo Domingo, cuando la realidad es que dónde estuviste es en un decorado exprofeso para bobos.

 

Evidentemente, a ella no le interesaba si yo me había ido o no, si había descansado de mi trabajo de todo el año o no, sólo quería contarme su viaje y preguntó para sacar el tema de conversación. No contenta con eso, hace dirigir mi atención al bronceado de sus hombros y me cuenta una teoría de que el sol de aquellos lares es mejor que este de por aquí. Y yo que siempre creí que en este sistema solar, sólo había una estrella y nueve planetas, aunque debido a la crisis parece que ahora son únicamente ocho. En fin, sea número de astros el que sea, lo cierto es que el que estaba en órbita con tanta majadería era yo, huí de aquel infierno y salí a la calle tan rápido como pude, dejándola con la palabra en la boca, sus soles de atrezo y sus quemaduras de segundo grado.

 

Pero allí las cosas no me fueron mejor. La acera ocupada por una familia. El padre, la madre, el hijo y la hija, éstos rondaban los 20 años, además, otro joven, con acento catalán, que deduje era el novio de la niña. Todos ellos, entraditos en carnes, vamos, hablándole de tú a la obesidad. Cuerpos Danone, pero caducados. Iban vestidos de turistas, sí, de esa forma que se viste uno para dar el golpe, cuando va a un lugar donde nadie le conoce y sepa todo el mundo que está veraneando. Bueno, pues resulta que la niña, al parecer la joya de la corona, se recuesta sobre un coche aparcado y comienza a poner poses de modelo del Salón del Automóvil, y el padre y el novio, haciéndole fotos al tuntún, instantánea va, instantánea viene. Ya se ponía el cabello sobre la cara, con una pretendida expresión picarona, ya ponía morritos o hacía pucheritos, ya…bueno. ¿Les he dicho ya que estaba gorda? Y yo soportando estoicamente todo aquello con la acera bloqueada. Pero vamos a ver: ¿es que no hay coches para hacer esto allí de donde vienen?

 

En un momento dado, la guarra de la niña, apoya las manos en el capó y vuelve el enorme trasero hacia las cámaras y dice sin ningún pudor: “Cógeme el tatu“. Superados unos momentos iniciales de estupor y desconcierto, llegué a la conclusión de que en realidad se refería a su deseo de que la foto mostrara el tatuaje que llevaba en ese lugar indefinido de las vértebras lumbares, entre el tanga y la camiseta, es decir, antes de llegar al culo, para entendernos. 

 

La mañana, se volvía cada vez más cálida. No se molestaba en ocultar que el resto del día sería muy, muy caluroso. Me cambié de acera y me perdí por las calles casi desiertas de Badajoz tan rápido como fui capaz.

Extractos de otras Publicaciones:

…en 100 años no hemos inventado apenas nada nuevo en ese campo. Si acaso la nata desnatada. Continuar leyendo...

Lo peor de la traición es que nunca viene de un enemigo.

El papel vital de ese mequetrefe que da un paso al frente de la muchedumbre, unas veces para linchar y otras para hacer la ola a quién ni le va ni le viene… Continuar leyendo...

2 thoughts on “De vuelta de ningún lugar

  1. Tú has visto la cantidad de horteras que pululan por aquí en agosto es de pena.Y ademas presumen de veranear, tú si no lo haces es porque ellos se creen que eres un “pringao”

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