Cuando el amor repite

 

 

Ya tenemos condones con sabor a fruta, chúpate esa!

 

Así, a bocajarro, te lo anuncian en TV cuando estás en la mesa, rodeado de tus hijos. Toda la vida intentando inculcarles las bondades de comer fruta y verduras y de pronto… eso: Un nabo que es la pera. Yo, la verdad, es que no me siento concernido por este spots dirigido a amantes boquerones/as, pues, para la única posibilidad remota que se ocurre de saborearlos, no tengo la flexibilidad suficiente. Claro, que también podría hacerme una infusión con la dichosa gomita, cualquier otra alternativa, la rechazo de plano.

 

Si ven Uds. una película porno de hace 100 años (sí, ya existían y yo las he visto, lo confieso), se darán cuenta de que, aparte de los cánones de belleza de los cuerpos, hay pocas diferencias con una actual, se ve que desde el Decamerón se han inventado pocos agujeros nuevos y, faltos de imaginación sobre el uso de los ya existentes, se ha optado por quitar magia al erotismo.   

 

Lo que pasa es que nos hemos cargado la gallina de los huevos de oro y pretendemos ahora sustituirla por la polla de maracuyá. Llevamos años banalizando, popularizando y, lo peor, “legalizando” el amor furtivo que, al igual que los juegos prohibidos, jamás debieron ser despenalizados; ahora, claro, una vez al aire las cuerdas de la marioneta, pierde todo el encanto y hay que buscar otros alicientes.

 

Ningún sabor tropical puede compararse con aquellos limones salvajes del Caribe del asiento trasero de un coche en el Polígono Industrial. Que no me lo intenten vender. Aquellos pechos blancos, a la luz de la luna, huérfanos de top-less, eran la punta del iceberg de una mujer que te prometía un Continente sumergido por explorar (virgen, sí, en la mayoría de los casos, aunque sin exagerar) y tenías que hacerlo antes de las 10 de la noche, hora en la que ella tenía que estar en casa, es algo que yo no cambiaría por la más suculenta paparrucha de frutas y espero que ella tampoco.

 

Y llega la sobremesa; mis hijos me miran y esperan un comentario de los míos; pero callo, no sea que vaya a recibir una patada por debajo de la mesa, además, para explayarme ya tengo este blog. Y es que uno va vestido forzosamente con este traje de modernidad para ser amigo de sus hijos, para que no te tachen de dinosaurio. Es un traje prestado, crecedero, que me sienta como a un santo un par de pistolas. En fin, es un disfraz que tiene la manga muy ancha y la pernera con grandes tragaderas.


Pronto, como si lo viera, los condones serán cero-cero, bajos en sal, sin azúcar añadida; reducirán el colesterol, tendrán soja para la menopausia o bífidos para irse por la pata abajo, y…. En fin, que cuando no tengas plan, con la caja de 6 y la minipimer, te haces un pedazo batido, que para qué quiere uno sexo con lo que cansa, teniendo semejante afrodisiaco.

Pero, tengo una duda: Si se rompe el condón, el niño será un hijo de fruta?

Yo qué sé.

Extractos de otras Publicaciones:

…en 100 años no hemos inventado apenas nada nuevo en ese campo. Si acaso la nata desnatada. Continuar leyendo...

Lo peor de la traición es que nunca viene de un enemigo.

El papel vital de ese mequetrefe que da un paso al frente de la muchedumbre, unas veces para linchar y otras para hacer la ola a quién ni le va ni le viene… Continuar leyendo...

3 thoughts on “Cuando el amor repite

  1. Quini, yo preferiría tener ahora la edad de tus hijos, para poder disfrutar de esta época y de todo esto que nos parecen gelipolladas. Escribes muy bien Quini, pero te pasa como a mí (tengo ya 49 años), que nos hacemos viejos, que hasta añoramos hasta la represión sexual que sufrimos. En fin, felicidades por escribir como escribes.

    Enrique

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