Aquella canción.

Se ha escapado de la radio de un coche y se ha metido por la ventana aquella canción.

Entra. Con el descaro de quien es invisible, se apoya en el aire y, sin encomendarse a nadie, se ha puesto a revolver los cajones. Al punto que le da un punto decidido, me ha esparcido junto a la taza de café una tira amarillenta de fotomatón, un ticket de cine, roto y arrugado, y un anillo barato. Me ha montado sobre la mesa un anticuado teatrillo de guiñol, con un decorado que estaba ya apilado en el camión de la mudanza. Una única función sólo para mí, sentado en la última fila, con la luz apagada y haciendo manitas con la fría mano de la soledad. Si te fijas, el escenario, de bambalinas a candilejas, es el asiento trasero de un Renault. Representación de una obra sin final, con algunas páginas del libreto que no se llegaron a escribir. Debut y despedida. Cartel de no quedan localidades. Y en nada que me he descuidado, por el flanco izquierdo, se me ha colado, entre dos costillas por el método del butrón, aquella canción.

Y es que aquella canción, cunde. No le falta, ni le sobra nada. Ha traído a la protagonista principal. Cómo no. Con su cara lavada o, si acaso, con un poco de rímel trasnochado y pasado de moda. Los focos, imitando a la Luna, van buscando un pecho nacarado, despechado en mi regazo. En derredor de los besos aun huele a Lavanda Inglesa de Gal. Por no faltar, no falta ni el odioso imperdible de su falda escocesa. Todo está aquí. Detalles a tutiplén. Tal que fuimos, tal que lo recuerdo. Como si fuera fácil, como si fuera ayer. Imágenes difuminadas, que eran ya casi únicamente una marca de agua, han vuelto fuertes y jóvenes, de la mano de un par de notas de aquella canción.

Bien. Ya cumpliste tu empeño, canción tradicional del país fronterizo con el olvido. Ya me dejaste tu carga agridulce. Ahora, vuela. De nuevo, ligera, vuela. Clávale las espuelas al viento y búscala dondequiera que esté; pregúntale que me pregunto si ella, al igual que yo, se acuerda de mí cuando se mete por su ventana aquella canción.

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5 thoughts on “Aquella canción.

  1. Se me ocurren mil cosas después de leer…son tantas…las guardaré y simplemente decirte que ha sido como beber agua fresca en una tarde cualquiera de un verano caluroso de nuestra tierra. Gracias…

  2. Es muy bonito,lo que hace recordad la música para que te llegen recuerdos del pasado, que siempre están ahí, nos guste como si no.Así es la vida con lo dulce y lo agrio, pero mejor quedarse con los buenos recuerdos…

  3. Estas marivilloass y breves historias que te sacas de la manga tienem una carga emotiva que te dejan sin habla.
    no pares de escribir
    un abrazo

  4. ¡¡¡ Que tiempos !!! Ya quisiera , los jovenes de hoy, tener “Aquella cancion”. Vaya recuerdos y hasta el imperdible en la falda de tablas para impedir su apertura, jajaja. Gracias amigo Quini.

  5. Ya nos conocemos un poquico Quini…. ; la música significa perfectamente para nosotros, justo como lo describes. Enhorabuena, como siempre…; me gusts el tono melancólico de tu escrito. Sigue deleitándonos con tus pensamientos. Gracias amigo.

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